Poco sabemos del amor después del amor. De la amistad después de la amistad. Y, sin embargo, existe

Lo que quiero decir y ejemplifico con esta frase, es que las relaciones abiertas también nos permiten trabajar en el después de una relación. Ya no nos enfocamos solamente en la pareja, y claro que bastante laburo tenemos ahí, sino que también empezamos a trabajar en el después. Esa zona oscura y desconocida 

¿Qué pasa con un vínculo cuando ya no es el mismo que antes? ¿Qué pasa con esos sentimientos tóxicos que se nos vienen casi sin cuestionarlos, como la típica 'demonización de lxs exs'? ¿Qué pasa si compartimos espacios, actividades, grupos de amigxs, hijxs? Por supuesto que todo es un proceso, que no tenemos por qué estar 10 puntos y superadxs al minuto 5 de una separación. Y lo aclaro porque soy una canceriana de duelos larguísimos, pero que con el trabajo incansable, no mentira, sí me canso: es agotador muchas veces el salirse o intentar salirse de lo normalmente establecido, pero lo sigo haciendo porque a la larga lo consigo (o quiero conseguirlo) y el después siempre viene un poquito más liviano, o al menos cambia el ‘problema’ a tratar, y eso también es lindo de alguna manera, porque se viene algo nuevo y eso a su vez nos indica que lo anterior ya está más laburadito, quizás sigue sucediendo pero podemos darle otro tratamiento, lo vemos de una forma menos drástica con suerte y logramos sacar de los bolsillos algunas herramientas que nos ayudan a surfear la situación.

Entonces, sería bueno pensar a la relaciones abiertas como una forma más de volver a nosotrxs mismxs y preguntarnos por qué preferimos odiar a nuestrxs exs y no verlxs nunca más en la vida, o al menos no hasta que me haya vuelto a enamorar y se lo pueda refregar en la cara (esa bajada de ‘vínculos seriales’ que tenemos de la sociedad, donde recién ahí, con alguien al lado nos sentimos fuertes y segurxs, capaces de enfrentar a quien pueda hacernos sentir vulnerables)

Pensar a las relaciones abiertas como otra oportunidad más para hacer las cosas distintas, de una forma más saludable, más empática, más fiel a nuestros deseos, otra forma de ACEPTAR nuestros deseos: porque si sigo amando a mi ex, por ejemplo (y de nuevo, más allá de los procesos de cada unx y el tiempo que necesitemos) ¿por qué voy a disfrazar ese amor, ese cariño de resentimiento, de culpa o incluso haciendo sentir ignoradx a quien compartió conmigo tantos momentos hermosos? ¿Por qué necesito bajar al otrx para sentirme mejor, para sentirme superior o con una situación resuelta? Es mejor hacerse cargo de lo que nos pasa, hablarlo y tomar decisiones en todo caso, pero no repetir ese patrón del demonio en el que nos dijeron desde el día cero que así debe ser cuando nos separamos.

No sabemos nada del después de una relación, pero existe y no podemos escapar de ella. Es mejor laburarla, cuestionarla e intentar pasarla lo mejor posible aceptando que las cosas cambian y que no, necesariamente, tiene que ser peor que antes, no tiene por qué ser un infierno. Esto es también ‘responsabilidad afectiva’ (tan de moda está el término) hacerse cargo del después con unx mismx, aceptar nuestros fracasos; y quizás la mejor forma de aceptarlos sea entender que de esos fracasos aprendemos y crecemos. Es necesario saber qué es lo que no funciona para que cada vez haya más lugar para lo que sí funciona. Después de todo siempre es con unx mismx, cuanto más acepto mis emociones, sentimientos, deseos e imperfecciones más entenderé la de lxs demás. ¡ay qué cliché! Sí, pero real.

Estoy laburando mucho en esto, y tengo mis momentos, mis días.. Pero veo que el trabajo que hago conmigo misma y de ahí con lxs otrxs, si es a conciencia, trae buenos resultados. Romper las estructuras necesita de entrenamiento y el entrenamiento necesita de constancia y registro, porque rara vez nos va a salir de una, pero va a suceder. Las relaciones pueden ser distintas. ¡Y las relaciones después de LA relación, también! Nos debemos, al menos, intentarlo.

La Negra Sil