Monogamias y otras insanías

De los cuernos no se salva nadie suele decir el lenguaje popular y, casi siempre tiene razón. La tentativa de sostener múltiples parejas, al menos sexuales, parece permitida y alentada en los varones pero sufrida sin poder evitarla desde el discurso femenino. Y digo discurso porque infieles somos en ambos géneros, pero por alguna costumbre ideológica y cultural las mujeres no lo contamos y nos desarmamos subjetivamente ante un engaño sufrido. Todos los chistes conocidos en relación al matrimonio hablan de una mujer molesta, que de alguna manera se las ingenia para que su marido deje de ser feliz (voy a obviar el tema de la desigual repartición de tareas domésticas para no extenderme mas de lo debido). Paradójicamente en una sociedad que promueve la pareja heterosexual estable como último fundamento de la existencia, el paraíso femenino se convierte en un infierno para los sujetos masculinos, y esa felicidad existencial de alguna manera se sustenta en aguantar.

La pregunta que sigue a esto es: ¿Puede el matrimonio volverte loco? Si y no. Recordemos el trágico brote de Matías Alé. De alguna manera todos somos locos hasta que demostremos lo contrario, es decir, cualquiera con estructuración psicótica podría tener un brote ante cualquier cambio de situación con componentes fuertemente emocionales; y la estructuración psicótica difícilmente se diagnostica antes de algún brote, por lo cual, para el corriente de la gente cualquiera podría volverse loco, en cualquier momento. ¿Y por haberse casado? Si, pero también al separarse, tener hijos, cambiar de trabajo, recibirse de algo, haber sido traicionado y quien sabe cuantas cosas mas que conmocionan nuestro cerebro emocional desde el miedo. El tema de la psicosis es mucho mas complicado de lo que pueda tratarse en éstas líneas, yo sólo quiero hacer referencia al hecho de que los conflictos mas grandes en esta enfermedad suelen darse entre deseo y cultura, y que, sabiendo leer entre líneas podemos sostener que nuestra cultura nos impone grandísimos esfuerzos y dominio sobre nuestro deseo. Las normas y reglas son absolutamente necesarias para vivir en sociedad, la represión de muchas conductas, digamos, instintivas es necesaria para el bien común y aquello que necesita ser prohibido y penalizado es simplemente porque se desea. Y con esto voy a la monogamia: en nuestro sistema de composición familiar sirve, lo cual no quiere decir de ningún modo que sea natural, como se la quiere hacer aparecer cuando se la asocia al amor verdadero. Habrá gente mejor adaptada que otra a éstas exigencias de parejas en nuestra cultura, pero siempre que se sostiene un vínculo de éste tipo es porque hay algún grado de voluntad y esfuerzo en mantenerlo.

Que alguien sea hermoso y cumpla con los parámetros de belleza, es algo que todos podemos buscar en un amante, pero la infidelidad recorre otros parámetros aparte de la belleza física. De hecho si recordamos nuestros mas importantes enamoramientos y analizamos sus por qué, encontraremos muchos otros atributos que recorren eso que llamamos subjetividad o personalidad. Cosas que en el fondo sabemos y nos ocupamos permanentemente de ocultar: el amor tiene sus fallas, no lo resuelve todo mágicamente ni puede sostenerse todo el tiempo, la pareja estable lo es a costa de volver a comprometerse a diario con el acuerdo que armaron y por muy ideal que parezca el matrimonio, el para siempre casi siempre termina.

Siempre me pregunté qué era lo que dolía tanto de un engaño, cuando supuestamente todos pensamos que nadie se salva de eso. Pienso que, en primer lugar y como en muchas otras “desgracias” nuestro inconsciente funciona haciéndonos creer que somos intocables y que no va a pasarnos a nosotros. Las cosas le suceden a la gente por descuidados o porque se lo merecen, quien sabe, pero no a nosotros. Creo que reconocer que nos han puesto los cuernos nos convierte en uno o una mas de ese montón de gente indefinida a la que siempre le pasa lo mismo, tan grave es para nuestra autoestima ser normal que hasta he escuchado miles de casos donde se niegan a ver engaños a pesar de las miles de pruebas que lo comprueban. En esto sentido, que le pase a gente famosa, a esa gente que creemos que tiene todo, nos deja sin ninguna herramienta narcisista para rearmarnos y ahí es donde la angustia se vuelve broma, para tramitarse, hacerse mas aceptable (me refiero a los chistes que circularon en torno al engaño que sufrió Pampita). Tanto necesitamos creer en el amor y en nuestra pareja perfecta que perdonamos y compartimos las invasiones violentas a la intimidad de estas celebrities, miramos mil veces su cuerpo sufriendo, los escuchamos expuestos, hablando del tema, mostrados de manera obscena simplemente porque es algo que no debería mostrarse, porque si fuese nuestra intimidad la censuraríamos pero como es la de otros la consumimos. Porque esos otros también necesitan sentirse extraordinarios mostrando en cámaras eso de lo que nadie hablaría y porque su status social les devuelve algo de lo perdido cuando perdieron el amor.

Pero el matrimonio nos puede volver locos y no vamos a poder salvarnos de los cuernos ni resistirnos a ponerlos, porque somos así y queremos sobrevivir, porque nuestra cultura nos restringe el deseo y por todo eso que yo dije que suena a excusas… pero hay algo que nos estamos olvidando cuando decimos aprender y teorizar de lo que muestran en la tv, cuando somos cómplices de la crueldad de hacer sufrir a otro, de verlo sufrir y reírnos como si su subjetividad no estuviese implicada en ésta nota para los medios, ni en su cuerpo violentado por lágrimas y dolor. Nos olvidamos que en nuestra vida y en nuestras parejas hay “otros”, hay personas que van a verse afectadas por lo que hagamos o dejemos de hacer.

No se equivoquen, yo también apoyo el amor libre, pero libertad es responsabilidad y muchas veces soledad. Una pareja que se engaña no es libre, una que frena todo compromiso posible tampoco, si hay algo verdaderamente libre son los sentimientos que surgen de modo espontáneo por otras personas. Perdonen la autorreferencia pero mi gran experiencia de amor la viví con alguien que me dijo: “yo no soy fiel, nunca pude serlo y soy muy malo mintiendo, tampoco exijo fidelidad” Su propuesta puede aceptarse o no, pero al menos no hay engaño, no se necesita mentirse a uno mismo para no ver cosas que nos dicen que el amor no debería tener y el vínculo sigue o termina por la responsabilidad mutua de, aún pudiendo estar con alguien mas, continuar eligiéndose. Pacto que cualquier pareja lo realiza a diario pero de forma tácita y muchas veces quien creemos que nos elige a en realidad en está eligiendo a alguien mas, sin importarle las consecuencias físicas y psíquicas que eso puede acarrearnos.

El amor es maravilloso, es una necesidad humana tan básica que sin amor no vivimos. Con amor se sostienen nuestros deseos de estabilidad y tranquilidad, sabiendo que a quienes amamos también nos ama. También es cierto y maravilloso que existen deseos de novedad y adrenalina, difícilmente conciliables con los del amor. Todos conviven en nuestro inconsciente simplemente porque en el mismo no existen las contradicciones, podemos amar y odiar, sentirnos hombre y mujer, sentirnos atraídos por diferentes géneros y desear cosas opuestas. No todo deseo es para ser cumplido pero siempre sirven para motorizar nuestro aparato psíquico en fantasías y es tan loco creer en el amor para toda la vida como engañar a alguien y joderle la vida. Somos tan insanos cuando imponemos una única forma de amar igual para todos como cuando no amamos a nadie y nos quedamos detrás de un muro. Simplemente somos insanos cuando amamos, porque nada es natural cuando se trata de estereotipar las relaciones humanas.