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¿No tenés cuenta?

Mas tiempo no es mas amor. El amor no se puede contar.

Hay una relación directa entre el tiempo y el amor. Desvalorizamos lo que dura poco tiempo y creemos que ponerle más tiempo a una relación es mejorarla. El tiempo se usa para medir algo que no podemos medir ni contabilizar: el amor, el deseo y el afecto. Y también se vuelve la unidad de medida de las no-monogamias.

Dentro de las creencias sobre el amor y las relaciones propias del amor romántico (porque de ahí venimos y ahí estamos aunque intentemos destruir el paradigma) hay una que es por demás usual y que creo que es de valor desarmarla porque se presenta de forma más sutil y no se percibe a simple vista.

 

Más tiempo es más amor

Si bien esta creencia hace base en que el amor debería ser para siempre y para toda la vida y por eso más tiempo es más amor, hoy es bastante más común cuestionar esta condición de inmortalidad de las relaciones afectivas. De hecho el tipo de relación más común en la actualidad es la monogamia serial, una relación detrás de otra pero una a la vez. 

Sin embargo, hay circunstancias por las cuales pareciera que esto de ya no creer en la inmortalidad del amor no es tan así: las relaciones esporádicas o de poco tiempo de duración o esas que se suelen llamar de “sólo sexo” sufren una desvalorización marcada y dañina y esto se ve cuando salen afuera las incomidades del estilo: “desapareció de la nada, nunca más llamó”, “es que no éramos nada, sólo nos vimos 3 veces”, “no era nada serio sólo nos veíamos para tener sexo”

Hay una relación directa entre el tiempo y el valor que le damos a la relación y a las personas cuando nos relacionamos. 

Parece que cuando el componente de la inmortalidad ya no está hay acciones que no valen la pena llevar adelante. Creer que porque la relación dura poco es menos valorable o menos importante o peor aún que como la relación es menos valiosa porque no es por siempre, entonces la persona automáticamente es menos valiosa lleva a acciones poco felices que como mínimo construyen destrato, falta de consideración de la gente y cierran la puerta a un mundo afectivo diferente. Lo mismo que la creencia de que con amistades no se puede tener sexo. 

Maltratar las relaciones esporádicas, “solo sexuales”, o simplemente únicas en el sentido de una vez sola o de pocas veces es la otra cara de la moneda de esta creencia de que el amor es para siempre. Como no va a durar para siempre, entonces, no sirve, no cuenta, no tengo nada que aprender, no vale la pena. 

También sucede que hay todo un código sobre esto en las relaciones porque qué sucede cuando se valoran las relaciones cortas o las que serán por un rato, del estilo “te veo una vez por mes para tener sexo”, o “te veo cada vez que viajo o voy a tal lado”. ¿Qué pasa si mandás un mensaje de más para saber cómo está la otra persona aunque todavía falte un mes para verse? ¡Conmoción! Sorpresa, reparo, desconfianza. ¿Ahora sí querrá una relación en serio? Están tan parametrizadas las relaciones que hacer un gesto de más o de menos puede ser catastrófico. 

 

El tiempo también se vuelve la unidad de medida de las relaciones no-monógamas. 

Y todo esto para decir que la romantización de las no monogamias está siempre presente y sacarla a la luz es de utilidad porque por ejemplo, existe también esta relación directa entre tiempo y amor. 

Acá usamos el tiempo de la misma forma, creyendo fervientemente que cuánto más tiempo pasamos juntxs es mejor, que si me dedica tiempo entonces me ama y mucho mejor si el tiempo es de calidad. Obvio que hay que compartir tiempo pero que haya épocas en las que el tiempo es menos no se traduce en que es menos el amor. Hay épocas de más trabajo o de más soledad, o de más atención a otra personas. Sí, más atención a otras personas, pasa con los hijos, con tu suegra, con una amiga o con tu metamour. 

 

¿Por qué medimos el amor en tiempo?

Para paliar la incertidumbre de tener una relación no-monogámica las personas tendemos a aferrarnos a cosas que podamos materializar de alguna forma, porque básicamente estamos buscando la seguridad que antes nos daba la exclusividad sexual afectiva y que hoy no tenemos. Buscamos esa seguridad en los acuerdos, por lo general rigidísimos que hacemos al principio y en cosas que podamos de alguna u otra forma materializar, cosas que podamos contabilizar. 

Como el amor es algo inmaterial, incontable, indivisible vamos a lo más cercano que tenemos con el afán de contarlo y encontrar seguridad, conseguir las pruebas de que realmente esa persona me ama. Y lo primero que agarramos es el tiempo! O las veces que sucede “x” cosa: tener sexo, salir con otra persona, o cenar afuera.

Te ilustro una situación que siempre cae muy mal: si tu relación esta semana no tiene ganas de estar con vos porque está hasta la manija de ENR con su otra relación, no se perdona. Eso no puede pasar. Me estás descuidando. ¿Será que es así? Dudo. 

Creamos acuerdos en donde el tiempo se convierte en elemento vital, tanto que antes de comenzar cualquier relación abierta la gente ya se pregunta ¿Cómo hacen con los tiempos y la agenda? Seguramente tenga que ver también con que en la forma monogámica todo tu tiempo te lo debería consumir tu pareja...

La agenda poliamorosa es una de esas cosas con las que no me siento para nada identificada porque supone una repartija del tiempo en partes iguales o equitativas y organizada. ¿Cómo se hace eso? Puede una ponerse a grandes rasgos unos esquemas mentales pero de ahí a hacer coincidir todo y construir una agenda de los afectos me parece una locura. 

Claro que sirve al principio generar cierta estabilidad teniendo días y horarios o incluso formas para poder ir avanzando en la confianza entre las relaciones pero no creyendo que respetar el día y el horario es una muestra de amor indiscutible. O que querer pasar más tiempo con una persona es porque no quiero pasar tiempo con vos o ya te olvidé o la otra  persona es “mas linda, sexy, inteligente”

Miles de veces cambiamos horarios, días, formas porque básicamente todo a mi alrededor está en movimiento. Cambia mi trabajo, cambian las ganas de mis amigas de juntarse, cambian las formas en las que nos juntamos, cambia el clima, cambian las opciones, las circunstancias pero sobre todo cambia mi deseo, mi forma de ver las cosas, mis límites, mis sensaciones y las del resto, las de mis parejas y las de mis metamores. 

Y en todo ese movimiento y cambio siempre hay una certeza: el amor no se puede medir y por más que te dedique todas las horas de mi semana el amor no aumenta y si evito que vos pases más horas con otras personas no evito que te enamores de ellas.