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¿No tenés cuenta?

La amistad. Un discurso y herramienta que está ahí para el poliamor.

El 20 de julio es el día de la amistad en Argentina y hablamos un poco de esto durante la semana en nuestras redes sociales y según mi criterio hablar de amistad es sumamente importante para pensar el amor de forma diferente a la que tenemos aprendida.

 

Es un concepto que ayuda a comprender el mundo que habitamos pero sobre todo a construir “nuevas” formas de relacionarse, me refiero a nuevas porque ya hay una forma instaurada de comprender el amor y las relaciones. 

 

El sistema de creencias que incorporamos a través de nuestra socialización, el amor romántico, dice que el amor de pareja es diferente al amor de amistad y se cree incluso que no es bueno que tu pareja sea tu amiga , frases del estilo “parece mi amigo mas que mi novio” o “con las amigas no se tiene sexo porque eso arruina la amistad” infieren a estos pensamientos y lo ilustra bastante bien. Parece que hay algo ahí que no tiene que ir en conjunto. 

 

También alguien me pedía que cuente nuestra historia de amor con el clan y yo pensé: ¡qué momento oportuno contarla en la semana de la amistad! Porque nuestra historia se explica mucho mejor desde el concepto de amistad. 

 

De hecho nosotros nos llamamos “amigx” en lugar de “gor” o “bebe” como generalmente se escucha a las parejas y eso llama la atención de la gente. También, cuando recién comenzamos la historia y éramos 3 e incluso cuando empezamos a dar notas y entrevistas una buena forma que yo encontraba de explicar  las cosas era a través de la amistad. “Nuestra casa funciona como un grupo de amigos” decía y no lograba darme a entender, hablaba en otro idioma. También me solía suceder que de forma dudosa o directamente despectiva, cuando yo salía sólo con Pablo, varios me decían ”ayy… pero parecen amigos” 

 

Yo estuve en una relación monógama con Juan Pablo durante unos 6 - 7 años. 

Nos conocemos del colegio, fuimos “amigxs” mucho tiempo. 

 

Siempre fuimos muy amigueros, cuando decidimos vivir juntos, nuestra casa era y es la casa del pueblo, siempre hay gente y tiempo para hacer cosas. Y ese era el plan, digamos, el estilo de vida que queríamos. Seba era parte de esa impronta, él cocina mucho y estábamos siempre planeando hacer algo entre amigxs. De hecho habíamos pensado en mudarnos a otra provincia y hacer como un pueblito entre los que queríamos ir. Mucha juventud y esa cosa de creer que formar el “ghetto” era la mejor opción.

 

Cuando empezamos a hablar de poliamor con Pablo lo hacíamos porque él andaba hurgando en estos temas y encontró una comunidad de poliamor en Inglaterra que le llamó mucho la atención y me mostró muy sorprendido lo que había descubierto. 

 

La curiosidad nos invadió. A mi, incluso, te diría que me pegó sobre todo en el ego por el hecho de que nunca me había preguntado acerca de la monogamia siendo politóloga ¿Cómo me creí esa historia de que el amor sólo estaba en la monogamia? Darme cuenta que había otras formas de relacionarse y que la monogamia además organizaba la sociedad me partió la cabeza. Nos maravilló pensar  cómo el amor está tan ligado al tipo de sociedad que construimos. Pero realmente no tenía una “necesidad de conocer gente” o de liberarme porque “siempre me había sentido así de poliamorosa y me estaba reprimiendo” Tampoco veníamos de “problemas de pareja”  aburridos o sobrepasados entre nosotros. 

 

Esto así de extraño que habíamos encontrado (imaginate que si ahora sorprende… en 2011 era impensable) lo distribuimos por todos lados. Sobre todo con nuestras amistades y ya en nuestras cabezas empezábamos a imaginar otra realidad. El conocimiento y el saber amplían siempre los horizontes y agrandan el mundo, en cualquier aspecto. 

 

La cuestión que nos giraba en la cabeza era ¿Cuál es la diferencia entre lo que tenemos entre nosotros, Pablo y yo y lo que tenemos con nuestros amigxs? ¿Qué pasaría si le diéramos un beso a algún amigo? ¿Algo se rompe entre nosotros? ¿Algo perjudica la amistad? ¿Dónde está el límite? Y obviamente se los preguntamos también a nuestras amistades más cercanas. 

 

Y entre charla, mate y juntada vas visualizando como posible algunas situaciones que nunca antes habíamos imaginado, como si algún límite se fuera corriendo mentalmente. Hasta que un día nos preguntamos ¿Será que podemos probar y ver si esto funciona? Y nos sumergimos con todo el amor, la ingenuidad y la confianza entre nosotros y con nuestras amistades, creyendo que el amor todo lo puede. Nos equivocamos pero encontramos otras cosas en el camino que fueron superadoras totalmente de la creencia del amor mágico. 

 

Yo me empecé a acercar más a Seba y Pablo a Daniela, también una amiga. Yo me llevaba fabuloso con ella pero nos comió el poliamor y el destrabe del amor romántico dentro  nuestro y nos dejamos de ver. Todavía me da pena porque creo que éramos muy inexpertas y no supimos manejarlo, aunque aún hoy me invade un tanto la bronca. Pablo siguió bastante tiempo más pero como a los 2 años se separaron. Yo seguía con Seba, también viendo sus subidas y bajadas y las mías. Un tiempo después entre ellos ya eran también “pareja”, lo que me dejó muy tranquila. Un día nos dimos cuenta que la casa nos quedaba chica porque Seba ya estaba casi mudado con nosotros y decidimos buscar un lugar más grande para poder convivir como queríamos. Pasaron varias relaciones, idas y vueltas entre nosotros y con otras personas también. Hace unos 4 años llegaron a casa Flor, la novia de Pablo y su hijo. Cambiaba nuevamente toda la rutina de la casa, ahora compartiendo crianza. 

 

Con esto del poliamor y las relaciones abiertas la realidad es que aprendí mucho más de la monogamia y de cómo algunas cuestiones las tenemos tan internalizadas que debemos hacer fuerza para desarraigarlas. Una de las cosas que aprendí es esta que les digo arriba: la amistad no es un valor dentro de la pareja, no es algo que nos pongamos a construir conscientemente. ¿Y por qué lo digo?  Porque creo que es la clave para construir las relaciones que queremos. Pero esto no tiene que ser una frase trillada, hay que pensar en el contexto, en el lenguaje, en el discurso que se hace de cada uno de estos conceptos, en el consenso social que hay con respecto a las relaciones afectivas de amistad o de pareja, porque parece que nunca vienen juntas. 

 

En nuestra historia, no sé si nuestras relaciones hubiesen sobrevivido si no hubiéramos tenido tan metida la amistad como forma de interpretar nuestras vivencias en el poliamor y antes del poliamor. 

 

Ponerse los anteojos de la amistad te cambia totalmente de paradigma. Pensar la amistad es un gran paliativo a las grandes creencias del amor romántico. Cuando abrís la relación o cuando decidís de entrada tener una relación abierta tu interpretación sobre las relaciones, el amor y la pareja y tu actuar frente a ellas, corresponden al aprendizaje que hemos tenido del amor romántico, nadie vive en un mundo paralelo, o viene vacía o desde la nada, somos sujetxs sociales. Venimos con una cajita de herramientas que ahora ya no sirve para lo que queremos vivenciar, aunque vamos construyendo las propias, eso lleva tiempo y sobre todo prueba y error. Por algo todos los días se inventa una etiqueta nueva en las no-monogamias o se vuelven a definir etiquetas o palabras clave. 

 

Sin embargo, si miramos la propuesta de la amistad, algo clásico, que está ahí desde antaño, podemos pensar algunas cosas más. La amistad es una relación afectiva fundada en el respeto mutuo, la intimidad  y la confianza y durante muchos momentos históricos se puso por sobre las “relaciones de pareja”. Se construyó con ella  un discurso socialmente positivo, es decir que está bien visto y asociado a la alegría, a la diversión , a la complicidad. Esto contra el discurso de “la pareja” del amor romántico, la media naranja que me pertenece, los celos y los reclamos como muestras de amor, la exclusividad como “garantía” de amor, donde pareciera que siempre tenemos que dudar y desconfiar de algo, sobre todo del abandono y la traición de la infidelidad. Hay grandes diferencias! 

 

No es lo mismo ver los vínculos amorosos desde la lógica de la amistad que desde la lógica del amor romántico. 

 

A mi me parece que si empezamos a poner en valor los rasgos característicos de la amistad dentro de la pareja, situación que está bien bien separada por el amor romántico, podemos construir relaciones más gozosas, placenteras, y capaz que ni siquiera tanto pero por lo menos pondremos en cuestión al amor romántico dentro de la pareja y a todo lo que viene asociado con él.