Hoy de sexo SI se habla

Hace muy poco tiempo me dejó paralizada un comentario de Facebook que respondía brutalmente al hecho de que la comunidad de poliamor se hubiese unido a la marcha LGTBI. Dado que yo había comentado que me parecía una buena iniciativa grupal, una persona muy enojada sale al ataque y me dice: “No apoyo eso de la libertad sexual. Te puedo entender la libertad de expresión, de religión, de política, de hobbies pero darle rienda suelta a la vida sexual es un libertinaje, y el hecho que lo defiendas me da a entender que estás en contra de la formación de familias……….”

Por supuesto que el desarrollo sobre esto podría ser muy extenso. Tal vez haya quienes necesiten mas información sobre LGTBI o poliamor, o podríamos indagar las nuevas conformaciones familiares, tal vez podríamos preguntarnos porque alguien se mete a un evento que no defiende solo para criticar en el muro, hasta incluso también podríamos cuestionarnos por qué alguien se cree con derecho a opinar en un lugar donde nadie le preguntó nada, o dónde está la línea que divide la libertad de opinión y la crueldad o la discriminación…… tal vez, tal vez, tal vez…….

Sin embargo de este suceso me quedo con una sóla idea: la línea demarcatoria entre libertad y libertinaje. Creo que el tema de la libertad nos atraviesa de manera cotidiana y ni siquiera hace falta recurrir a éstas temáticas tan controvertidas. Voy a adelantar mi respuesta para cerrar la historia: “yo apoyo la libertad en todas sus manifestaciones y, por supuesto, también en la sexual”

Ahora volviendo a la libertad, si hay algo que está claro y que fue dicho y entredicho por toda la historia filosófica, es que no podemos elegir no ser libres.  Ser libres implica que vamos a ser responsables de las consecuencias de nuestra libertad, sean éstas agradables o nocivas, pero que la libertad como forma de relación será nuestro gran peso en cada decisión, simplemente porque no podremos deshacernos de ella.

Como he transcurrido gran parte de mi educación en las tradiciones católicas conozco el concepto de libertinaje, aunque no quiere decir que lo entienda. Libertinaje era en mi escuela todo aquello que nos alejaba de lo que esperaba dios, aún cuando la vida me fue demostrando que las veces que tocaba el cielo, lo hacía siempre pecando. De sexo en la escuela no se hablaba, difícil entender las implicancias de algo así como la libertad sexual en ese contexto y cuando se hablaba, ejemplificando a la tan tergiversada historia de María Magdalena, se la llamaba libertinaje y se entendía que elegir libremente nuestra vida sexual era  sucio y contrapuesto justamente al concepto de libertad.

Se olvidaban de decirnos que elegir y vivir una sexualidad conforme a las leyes de dios también era ser libres, es decir era una de las opciones posibles a la hora de ser sexuales. Pero no, por el contrario, con este olvido (intencional o no) uno entendía que ser sexuales era ser libertinos y que ser libertino era claramente opuesto a ser libre. Así uno crece con la idea de que hay muchas libertades que merecen ser defendidas y exaltadas, pero que la misma no aplica a todos los campos que escapan del lenguaje, no aplica al cuerpo por ejemplo, y empezamos a creer que nuestro cuerpo es un terreno social, tan pero tan social que hemos perdido sobre él el derecho de asociarlo a un libre albedrío profesado desde la mas antigua historia como excelencia de humanidad.

Dicen que los psicólogos nos complicamos queriendo cambiar o cuestionar conceptos, y si, esto parece una sopa de letras. Pero el problema no es el concepto sino lo que el mismo implica. Un concepto crea un universo de significaciones y asociaciones, que después van a transformarse en prácticas sociales. Hoy de sexo si se habla, a cada rato y por todos los medios, nos han sexualizado cada espacio cultural con bombardeo de erotismo y aún en una sociedad hipersexualizada se siguen desconociendo los derechos sexuales. Se hacen campañas de anticoncepción en todos lados y seguimos teniendo miles de niñas embarzadas, se denuncian los noviazgos violentos y sigue habiendo muchas y muchas denuncias por abuso, violación y hasta femicidio, la tv se llenó de propagandas sobre ITS pero los casos de infección crecen año a año, las escuelas intentan prevenir el abuso pero padres y abogados siguen sin creer en la versión de los niños.  Campañas hay, ideas, proyectos, pero todas fallan. Como sociedad estamos fallando y tal vez parte de esos fallos estén en sostener aún que el cuerpo no tiene derecho a ser libre, que no podemos ejercer derechos sobre él porque decidir con él implica, aún en el siglo de la sexualidad reconocida, ser sucios y libertinos. Y decidir libremente sobre nuestro cuerpo plantea la decisión de otros sobre sus propios cuerpos, es decir no solo los cuerpos sexuales y sexuados pasan a ser libres sino que también las relaciones entre los mismos lo son, es decir las personas podrían hipotéticamente relacionarse entre ellas libremente y tal vez no elegir el modo “naturalizado”.

Y es que antes de hablar de relaciones sexuales tenemos que hablar de relaciones humanas, y antes de hablar de relaciones tenemos que hablar de emociones, sensaciones físicas y mentales. Tenemos que hablar en los inicios de autoestima, autoimagen, autoconfianza. Si vamos a incluir a otros en nuestro desarrollo sexual necesitamos haber aprendido sobre respeto, sinceridad, reconocimiento de necesidades propias, habilidades de comunicación. No podemos educar en derechos a quien no ha aprendido que puede decir que no y que su no debe ser respetado, no podemos hablar de erotismo a niños enojados y enemistados con su cuerpo porque nunca se les dijo que no hay nada mas bello que ser naturalmente humano, no podemos enseñar libertad de elección y acción mientras nuestro vocabulario sigue estigmatizando a la gente como gorda, puta, marica, zurdo, hippie….. No podemos empezar una casa por el techo. La libertad se ejercita, la sexualidad se construye, las relaciones humanas se aprenden. Pasamos en menos de 20 años “de sexo no se habla” a “el sexo es todo” olvidándonos en el camino que las emociones existen y necesitan manifestarse, que la intimidad necesita tiempo y espacio para crecer, que nuestro cuerpo es el vehículo a todo lo que sentimos y por eso hay que cuidarlo, que antes de poder sostener un “yo quiero” tiene que existir bien firme un “yo me quiero”, que la perfección no existe, que ser imperfecto y mostrarse seguro y a gusto con eso es mas erótico que cualquier juguete nuevo del sex shop y que la libertad no se negocia. Quisimos educar pero empezamos por el final, y estoy segura que no ha sido solo en la educación católica que el cuerpo se niega como fuente de placer. Educamos niños débiles, sin confianza en si mismos, temerosos, desconocedores de sus propias sensaciones, negando y tapando sus manifestaciones emocionales, vergonzosos de su cuerpo y enemistados con el sexo opuesto, pero luego pretendemos adultos felices consumidores del sexo de publicidad con relaciones extraordinarias de pareja y familia.

La libertad sexual es todo esto, no se trata de tener una pareja o quince, de sentirte homo, hetero, bi ni de unirte o criticar una marcha. Se trata de tomar decisiones con nuestro cuerpo, nuestro placer y nuestras relaciones que sean libres, cómodas, maduras, placenteras y responsables. Se trata de tener habilidades personales y sociales para asegurarnos que esto así suceda. Se trata de llamar a las cosas por su nombre, de tener actitudes abiertas y positivas para escuchar a otros, de conocer y propagar información acertada y de poder estar librados de prejuicios. Se trata de educar niños sanos, con plena aceptación de su cuerpo y de su ser sexual, que para la sociedad es mucho mas económico que luego reparar adultos rotos. Se trata de opinar en todas las redes sociales que quieras pero con pleno conocimiento y responsabilidad de lo que se está diciendo, lo cual implica responsabilizarte también por las reacciones que se puedan suscitar. Y dado que mi ateísmo me ha hecho desatender un poco el desarrollo histórico de ciertos conceptos pido a quienes quieran instruirme me expliquen mejor la delgada línea que parece separar un acto libre de un libertinaje.