Historias del clan. Presentaciones poliamorosas

Otra vez escribo yo, Juan, con más anécdotas bizarras de las presentaciones de parejas en mi casa.

 

Una vez pensamos que una presencia peligrosa habitaba nuestra casa porque había unos ruidos raros que no podíamos identificar en una de las habitaciones. ¡Parecía que había alguien! Pisadas, movimientos de la cama, silencio. Pero no eran ladrones, ni fantasmas, ni espíritus ni el Pombero ni la Luz Mala.

¿Qué había pasado? Uno de nosotros invitó a una amiga a dormir y a la mañana siguiente justo el anfitrión se tuvo que ir a trabajar temprano. Todos pensamos que ella se había tomado el Roca hacia Buenos Aires.

Pero aunque le habíamos avisado que no había problema en que se quede y que cuando quiera podría bajar e irse, ella empezó a flashear que la atacaríamos de alguna forma por haberse culiado a nuestro novio y por temor a no cruzarnos se acuarteló en la pieza. Oculta, sin hacer ruido, haciendo caso omiso al llamado del hambre, del calor o las ganas de mear, ¡ESPERO 15 HS! hasta que volvió su amado a “proteger su salida”.

Esta anécdota es apenas una de tantas veces en las que tuvimos que lidiar con el archiconocido MAL FLASH que ocurre cuando alguna de nuestras relaciones conoce a otra.

¿Qué es esto del mal flash? Estás conociendo las relaciones abiertas y todo va bien hasta que algún evento random detona el dramómetro y empiezan mil flashes que no sabemos cómo detener: que tu novia “seguro va a venir a plantear algo”, que tu pareja “no me vino a saludar porque le molesta que yo esté”, que el otro “tiene cara de preocupado porque le cae mal el poliamor”, además de la consabida “¿pero vos le dijiste la verdad, que cojemos, o le inventaste que sólo soy una amiga?”.

Recuerdo otra amiga que invité a mi casa una víspera de feriado. La idea era que se quede a dormir, pero después de coger empezó a malflashear que “era IMPOSIBLE que nadie me plantee nada porque cogí con vos… seguro que bajo y explota todo”. Remarcó tanto que era “imposible” que en un momento en que no escuchó ruidos también quiso salir corriendo de la casa y no cruzarse a nadie. Para su “desgracia” se cruzó a Sebas en la cocina, que cuando la vió que se estaba yendo le dijo “Pero como, vos no te quedabas a comer? El boludo de Pablo me hizo cocinar para los cuatro!” y a Cecilia en el living que le dijo “¡Pero no te vayas ahora que es feriado! Esperá a que arranque el tren mañana temprano. ¡Si te vas ahora vas a esperar 2 horas el 98 y viajar con todos los choborras!”. Pero como no le daba confesar que se iba por malflashear, inventó que tenía un problema urgente en su casa…. así que esperó dos horas el 98 sin comer hasta que se subió al colectivo.

Más o menos por Bernal me mandó el mensaje “que boluda, me tendría que haber quedado… son re buena onda tus parejas!”. Pero ya por Villa Dominico me mandó otro mensaje “¿Estás seguro que ahora no te están planteando nada?”.

Pase lo que pase, ¡el flash te gana la cabeza enseguida! Es una cagada que justo en ese momento en que vamos creandonos la imagen de la persona que estamos conociendo esté ese mal flash. Muchas veces quise saber por qué pasaba esto de forma tan inevitable.

¿Por qué será que no creemos que estas relaciones abiertas son reales? Es más curioso si pensamos en que hablamos incluso y sobre todo de gente que viene del “mundillo” de las relaciones abiertas, no es gente del todo ajena sino que apuesta a esta forma de vivir.

Yo creo que es porque en la mayoría de las novelas, cuentos, canciones, trivias, cantares y libros cuando se cruzan dos personas que aman a una tercera lo que pasa es que se matan, se acosan, se pegan, se amenazan,se insultan, se agreden, se lastiman y en el mejor de los casos una de esas personas se retira herida para siempre. ¿Cómo zafaríamos de semejante lavado de cerebro? ¿Cómo no tener un reflejo obvio de que va a pasar algo muy dramático y violento?

Para tratar de atenuar este efecto (que al principio no compredíamos ni en nosotros ni en el resto) fuimos creando algunas costumbres mate y bizcocho de por medio para hacer que el aterrizaje sea menos catastrófico, y les voy a contar una de ellas ahora.

Cuando queremos traer a alguien a casa lo que hacemos es lo siguiente:

La primera vez que alguien va a venir tratamos de que la casa esté a su disposición, o sea que se encuentren en soledad y “sin estar atajandosé de que ahí viene alguien” (para quienes hayan leído el capítulo anterior del Fumador Oficial, sabrán enlazar que quien invita en estos casos obviamente toma el lugar de Fumador Oficial).

El resto nos vamos a algún lado por unas buenas horas o nos recluímos en nuestras lugares personales de la casa, cuestión de no andar dando vueltas y generando el nerviosismo. También es una forma de comunicar a quienes vienen por primera vez que aunque estemos en pareja podemos tener momentos 100% de intimidad con nuevas relaciones. Y como vimos antes, la gente las primeras veces necesita VER cómo nos manejamos más que confiar en palabras.

La segunda vez que vienen ya hay alguien en la casa pero seguramente está en otro sector haciendo algo y solo se acerque luego de unas horas saludar en algún momento en que tenga alguna seguridad de que no jode.

Hacemos un saludo amistoso, bien cortito, arrancamos una charla boluda sobre "cómo llegaste hasta Ranelagh" o sobre el Roca y le ofrecemos un par de mates. Después de eso nos vamos y volvemos a dejar solos a los tórtolos enamorados.

Es imposible describir acá cuántos problemas nos redujo eso.

Introducimos sin darnos cuenta un recurso que es muy escaso en las personas que están conociendo una relación poly: la normalidad. De repente todo es normal. Vienen a tu casa a conocerte, hablarte o lo que sea... y las personas que viven con vos le sirven mate y todo sigue su curso. Nadie te plantea nada, nadie te pone cara de orto, nadie te mea el territorio, nadie te apuñala. Todo parece algo corriente, común, y por lo tanto… libre de trauma para la cabeza.

Claramente esto no significa que no haya problemas, ni planteos, ni cosas que solucionar ni que nunca nos hayan pegado los nervios en una presentación pero de todas formas, la gente viene buscando que PARTICULARMENTE en ese momento se despliegue el novelón y también queriendo corroborar que el mayor problema que hay en las relaciones abiertas es que tu pareja conozca a alguien, cuando en realidad hay un millón de problemas más que no tienen que ver con eso y cuando la realidad es que ESE momento , claramente NO es el momento de solucionar nada.

Volviendo… Antes de aplicar esta forma que se fue dando a prueba y error y que ha sido muy charlada en esta casa es importante decir que fue muy perjudicial para nosotros quedarnos todo el día ahí compartiendo espacio cuando los otros recién se están conociendo. ¿Por qué? Porque es difícil que alguien que viene con mil alertas contra "la otra pareja" no sienta que la persona que vive con su relación no lo está territorializando con su presencia constante.

Además, no es sólo que tenemos que pelear contra la impresión de que está "invadiendo una pareja", sino que esa visión se le refuerza por jugar de visitante en la casa de otra persona.

La tercera vez solemos repetir el ritual de la segunda, pero nos quedamos un rato más. La idea es mostrar que no tenemos hostilidad y que la persona no nos molesta. ¿Qué diferencia hay con la segunda? Pues que la segunda vez no tiene tanta certeza sobre si nosotros REALMENTE sabemos y consentimos en que se garchen a nuestra pareja. En la tercera ya sabe, ve que seguimos siendo amistosos y que no había ningún veneno en el mate de la semana anterior.

A partir de la cuarta vez, en el mejor de los casos ya estamos hablando de un mes que la persona nos conoce y ya está más interiorizada. Ahí hacemos vida normal. Si estamos en la casa nos quedamos, o nos vamos según nos pinte. Incluso ni nos peinamos si viene alguien y vestimos nuestros cómodos andrajos de entrecasa, remeras salpicadas con tuco y zapatillas arregladas con cinta silver.

Todo período es corto si hablamos de sacarnos una estructura de la cabeza que se viene repitiendo en todos lados. Pero tenemos mayores posibilidades cuanto más tiempo pasemos conociendo y ambientando la cabeza en lo nuevo. Al principio es muy complicado pensar todo de una.

Para nosotros en este caso y en este contexto la normalidad ha sido beneficiosa y algo que hemos buscado construir luego de que nos dimos cuenta cómo venía la mano. Para las presentaciones la solución que encontramos es meterle normalidad, así como suena.

Nos gustaría conocer si otras personas tienen experiencias positivas en manejar esas situaciones iniciales en sus propias casas, y sobre todo si hay anécdotas de FAILS de "la primera vez en la casa de mi pareja".