En el trabajo me preguntan con quién vivo.

Qué pasa con los derechos de las personas que no eligen la monogamia.

La semana pasada me pidieron en uno de los lugares donde trabajo que actualice mis datos. Entre todas las casillas que había que rellenar, estaba la de CONVIVIENTES. Me alegré, dije: acá meto todo el listado de nombres de mi familia poliamorosa, sabiendo que todavía hay cosas que como tales no podemos exigir pero confiando en que hay que hacer un poco de ruido para conquistar lo que queremos.

Cuando llegue el momento podría, por ejemplo, pedirme el día para cuidar a alguien de mi familia porque estuviera con gripe y que me digan que no o que sí, ver qué pasa. Me doy cuenta, una vez más, que será un debate y una pelea porque los derechos del trabajo, entre otras cosas, están supeditados a tu estado civil. Todo eso voy pensando mientras leo la planilla. 

 

Viene una compañera, nos reímos porque le digo que me va a tener que darme una hoja más si quiere que ponga todos los nombres de la gente con la que construí mi familia, le pregunto qué va a explicar a personal si alguien le pregunta por qué son tantos. Me dice: “Ya saben de tu casa y tus cosas! Igual... el nene...  tuyo no es nada... bueno ella tampoco... (alude a Flor, la novia de Pablo) y la planilla dice “grado de parentesco...” y ustedes no son nada”. La corrijo: “en los PAPELES no somos nada, tampoco Pablo y Sebastián son NADA mio”. Me retumba el NADA porque no identifico esa palabra con todo lo que somos. 

 

Un día cualquiera, a pesar de tener el tema en mi cabeza se me presentan en la cotidianeidad mis (no)derechos como poliamorosa, en la vida real, ahí en el trabajo. El asunto que tantas veces ocupa mi cabeza y que me lleva al grupo de estudio de Relaciones Abiertas para ir viendo qué alternativas encontramos, siempre hablando de casos hipotéticos porque en general pensamos en crianzas, “cuando quede embarazada…”, “un pibe en un mail pregunta: qué pasa si me muero?” y demás fantasías que manejamos. Ahora estaba pasando con algo bien cercano y bien tangible. Uno de mis empleadores necesita saber con quién vivo, una cosa sencilla, una pavada, siempre y cuando yo fuese monogámica. 

 

Para poder acceder a los beneficios sociales previstos por la ley de contrato de trabajo, por ejemplo, reintegros por medicamentos, obra social, ayuda escolar, en definitiva cualquier asignación familiar tenés que tener tramitado en el Juzgado de Paz un certificado de convivencia, mononormada, claro. Mi empleador necesita saber si soy casada o soltera. 

 

También para poder pedir días por enfermedad de algún familiar, o días por fallecimiento, tenés que tener un certificado que corrobore tu situación familiar, sea convivencia sea maternidad/paternidad. No sólo eso sino que si te casás o te juntás te corresponde una licencia por matrimonio.  Y la festejo y tomo el ejemplo! Han sido años de lucha del movimiento obrero por las licencias de diferente tipo.  


 

Lo que se ve es que ASI de unido está el derecho del trabajo a nuestra vida afectiva (en este caso, ni hablemos del derecho de familia) y por supuesto a la monogamia que ha sido la forma de relacionarse sobre la que se ha basado la sociedad en esta parte de la historia y en esta parte del mundo.  

 

La monogamia es uno de los ordenadores sociales bajo los cuales vivimos. Genera derechos y obligaciones. Hay derechos que las personas que elegimos otra forma de relacionarnos y de construir familias no tenemos y es lo lógico y decanta casi obvio porque el derecho viene después de la práctica, las leyes vienen a plasmar una realidad específica que se está dando. 

 

Esto es algo bien tangible, se puede ver, se puede vivir si sos poli. Hay una situación de desprotección legal para las personas que no quieren la monogamia (y en algunos puntos le pasa a la gente soltera que, por ejemplo, vive con amistades o con familiares que no son directos) porque el concepto de familia que actualmente manejamos es acotado, se queda corto, no alcanza. Las leyes no cubren la realidad familiar de muchas personas porque se basan en una definición de familia tradicionalisíma. 

 

Muchas personas dirán: “bueno… pero hay que ponerle un límite al concepto de familia” y pienso… ¿será suficiente con que sea declarativo, así como cuando declarás tu domicilio, declararte conviviente de otras personas? “Mi familia está compuesta por tal y tal y tal” o ¿Necesitamos dos personas testigo como cuando vas a hacer el trámite de convivencia? 

No sé. ¿Cómo se escapa de las leyes de la tradición monogámica? ¿O cómo la ley me permite una herramienta que se adapte a lo que muchas familias vivimos hoy? 

 

Para algunas situaciones hay soluciones, hay parches, hay recursos legales. Sí. Hay varias cosas. Para otras aún no. ¿Qué alternativas podemos pensar? Es un trabajo necesario para nuestra comunidad. En algún lado tiene que estar escrito que mi familia es tal o cual, lo sabemos. El tema es que es tan necesario para la monogamia como para la comunidad de familias que no cuadran en ella. Hay una urgencia tangible de adaptar las herramientas legales que tenemos o inventar nuevas. 

 

Cómo hacemos que tener una familia poliamorosa no se traduzca, por ejemplo, en menos derechos en el trabajo. 

 

Mientras tanto yo en la planilla le voy poniendo uno por uno los nombres de todas las personas con las que construí mi familia. Una nunca sabe a partir de qué cosa puede generar el debate, la fisura y una avalancha de nieve que nos lleve hasta nuestros derechos.