DECILE “NO” AL ABRAZO DESCARTABLE

Por RELACIONESABIERTAS

La comunicación incomunica, claro que sí, parece que la opción “eliminar de mis amigos” hace que mágicamente se borre todo lo vivido con esa persona y, lo que es aún mas ilógico es que esa persona debería entenderlo y aceptarlo gustosa. Me preocupa lo que nos está pasando, la ausencia de respuestas, la negación del derecho a preguntar y la capacidad de suponer por sobre todas las cosas. No entiendo como fue que un tengo ganas de verte se convirtió en me quiero casar, tener cuatro hijos, un perro labrador y una casa en el campo. Mucho menos entiendo que un día de estos tomamos algo se haya convertido en no quiero verte mas. Lenguajes modernos si los hay donde (en palabras de ustedes) la histeria de todos hace que el mensaje sea exactamente el opuesto al que se dice.

Y traigo el tema porque he escuchado tanto a alguien entusiasmado contar de “algo” que vive con otra persona, disfrutando de aquello que van compartiendo juntos y la respuesta general suele ser “vamos a ver cuanto le dura” o la peor, “¿No van muy rápido?” Y realmente lo que preocupa no es la velocidad, pero si, y por sobre todo la falta de rumbo. Estar a la espera permanente de que ese algo siga o no un día mas debe ser demasiado desgastante. Andar por la vida con un freno de mano puesto por miedo a entregarse al disfrute y que de pronto se termine creo que entorpece bastante todo el recorrido.

Por supuesto que a veces la vida es así, injusta e inentendible y te quita lo que te dio en cuestión de segundos, a eso le llamamos desgracia y de alguna manera todos sabemos que puede suceder, nos acostumbramos a convivir con esa idea y no por ello dejamos de disfrutar ni celebrar los encuentros. Pero lo que no tendría que ser parte de la vida y a lo que no deberíamos acostumbrarnos nunca es al desprecio y la falta de compromiso humano con que se producen los desencuentros. Por que tal vez nunca hayamos tenido título, tal vez fueron dos encuentros o veinticinco, pero si nunca existió un momento o situación de despedida, si simplemente “desaparecemos” sin decir palabra al respecto, se le quita todo tipo de valor a la persona quien va a sentir que de lo vivido no le quedó nada.

Acaso es tan dificil poder explicar: te agradezco todo lo compartido hasta ahora, pero en adelante cierro la puerta porque prefiero continuar solo (o sola). Esta mínima explicación incluye dos elementos fundamentales: el agradecimiento al tiempo y compañía del otro (si así es, porque es un otro que decidió brindarme su tiempo, no es una cosa y ya nunca mas será un extraño) y por otro lado el registro y el reconocimiento de que existió un compartir, es decir que la decisión de pasar tiempo juntos fue de ambos. Obviamente habrá gente que reaccione mas o menos bien a estas palabras, algunos insistirán, otros se irán cabizbajos pero siempre se sentirán cuidados como personas. Con el pasar del tiempo uno ya no recuerda tan bien lo que la gente nos dijo pero nunca vamos a olvidarnos del modo en que nos hicieron sentir, y definitivamente la ausencia de palabras hace sentir mal, imaginar las miles de cosas que se podrían haber hecho mejor e inventar respuestas que rara vez cierran la historia. El problema con las historias inconclusas es que siguen apareciendo cada vez que una nueva historia se intenta abrir, y ahondan en miedos y angustias a quien aún no pudo cerrar su pasado.

Cuando alguien nos cierra la puerta sin explicar por qué, nos obliga a seguir adelante sin entender nada y con un gusto muy amargo a portazo en la garganta. Un gusto que seguramente vuelve cuando otra persona nos quiera invitar a pasar a su vida. Y es este amargo gusto el que nos hace llenarnos de precauciones y construir paredes muy muy altas que nos mantengan alejados del resto. Es también el que nos enseña que así se termina con las personas, sin contestarle mas un whats app. Es el mismo sabor que nos inculca ese insensato afan por no dar mensajes claros y por interpretar con mala intención todo lo recibido del otro, es lo que nos da las excusas para huir cuando algo del orden del compromiso aparece, haciéndonos confundir, tristemente, falta de compromiso con falta de respeto.

Pensemos un poco: si nos explicamos, nos despedimos y nos tratamos con compromiso humano ganamos todos. Porque seremos así muchos mas los que andaremos por la vida sin miedo a soñar otra vez. Y digo soñar sólo por referirme a proyectar un día mas, un encuentro mas, un compartir mas. Seremos mas los que estaremos dispuestos a festejar, a celebrar, a entusiasmarnos con la reciprocidad aún sin tener ningún tipo de certeza del resultado.

No dejemos que el “use y tírelo” de nuestra sociedad impregne y contamine las relaciones humanas. Porque toda persona que entra a nuestra vida, sea por mucho o poco tiempo, nos deja algo, nos enseña algo y se lleva un pedacito de nosotros. Elijamos qué vivencias construir porque, si a la larga, sólo nos quedarán los recuerdos, hagamos hasta lo imposible para que esos recuerdos sean buenos.

Recordemos que no dar ningún tipo de explicaciones es tratar a la otra persona como un objeto, no como un sujeto, y enseñarle así que todos, incluidos nosotros mismos merecemos ser tratados como objetos. La diferencia es que este sujeto del cual alguien se desprende sin mas, no queda tirado en algún sanitario como otros objetos que comunmente desechamos, sino que va a circular por nuestra misma sociedad pero va a ser un sujeto mas desgastado y totalmente descreido de lo buena que es la compañía incipiente y la sorpresa. Entonces mejor, cada vez que disfrutemos de un encuentro sentido y recíproco, si eventualmente llega el momento de separarse, despidámonos, agradezcamos y expliquemos..... así cada uno podrá seguir adelante sin tanto desgaste y sin esa ingrata sensación del abrazo descartable.

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